viernes 5 de febrero de 2010

SOLEDAD PUÉRTOLAS ES LA NUEVA ACADÉMICA DE LA RAE

La Real Academia de la Lengua ya cuenta entre sus académicos y académicas con Soledad Puértolas, una de las voces más destacadas de la narrativa española de las últimas décadas. Es la quinta mujer académica de la Lengua, junto a la escritora Ana María Matute, la científica Margarita Salas, la filóloga Inés Fernández Ordóñez y la historiadora Carmen Iglesias.

Sin duda alguna, la incursión de un valor femenino más en la RAE, será una aportación muy valiosa al trabajo de las mujeres y sobre todo tendremos mayor representatividad en instituciones como éstas. Desde Clásicas y Modernas, asociación para la igualdad de género en la cultura, no nos cansaremos de apoyar y festejar estos avances. Así se lo hemos hecho saber a Víctor García de la Concha, director de la Real Academia de la Lengua Española, a quien escribimos en su momento manifestándole nuestro apoyo a la candidatura de Soledad Puértolas.


Recordemos que la Real Academia de la Lengua cuenta hasta el momento con 43 académicos, de los cuales son solo cinco las mujeres contando a Soledad y de ellas, sólo dos, ella y Ana María Matute, son escritoras.

Cuando en 1978 la Real Academia Española admitió por primera vez a una mujer, Carmen Conde, muchas y muchos lo celebramos, creyendo que se trataba de un primer paso hacia una representación más equitativa de uno y otro sexo en la prestigiosa institución. Sin embargo, treinta y tres años después comprobamos que el avance ha sido mínimo.


Esperamos que el ingreso de Puértolas en la Real Academia nos acerque un poco más a la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en el mundo de la cultura.

lunes 18 de enero de 2010

BOLETIN DE NOTICIAS

Durante la última Junta de la ASOCIACIÓN CLASICAS Y MODERNAS, la pasada semana, hemos constituidp una Comisión de Investigación para recabar datos sobre la aplicación o incumplimiento de la Ley Orgánica de Igualdad, en las Administraciones públicas.

Abarcará el período de 2006 a 2009 y en esta primera fase nos centraremos en el Ministerio de CUltura, sus órganos de gestión y producción y sus programaciones, las concesiones de premios nacionales...etc.

La coordinaciòn de trabajos de la Comisión está distribuida por áreas
Laura Freixas, Oliva Blanco y Sira Laguna, Literatura
Carlota Ojea, Marisa Manchado y Marga Borja, Artes escénicas
Pilar de Vicente Foronda, Artes visuales.
Oliva Blanco Corujo, investigará también las prácticas de otras asociaciones internacionales

Se incorporarán en breve a estas tareas las socias y simpatizantes que se ofrecieron a ello durante la Asamblea General de Noviembre pasado. Tenemos mucho trabajo por delante. Gracias de antemano a todas por vuestro apoyo.

martes 12 de enero de 2010

El Postmachismo se revuelve de Pilar López Diez

Ha llegado a la calle el eco del debate político y mediático sobre si se está yendo demasiado lejos en la lucha por la igualdad en nuestro país. Las mujeres van avanzando poco a poco en el logro de sus derechos; ellos, algunos, se sienten intimidados, en ciertos casos incluso amenazados. De cualquier forma, hay que mirar con optimismo y perspectiva el futuro, el logro de la igualdad, del mismo modo que cualquier otra lucha liberadora –por los derechos laborales, contra la segregación racial, contra el colonialismo y la arbitrariedad– conlleva dolor y sufrimiento. Es el precio que hay y que habrá que pagar; no hay que olvidar que el de las mujeres es el más sangriento.

Antes de finalizar el siglo XX sólo se conocían dos posiciones respecto a la violencia de género. Una era la de quienes la habían definido y conceptualizado, como Kate Millett, sin cuya tesis doctoral, escrita en 1963 y que recogía la frase “lo personal es político”, muy probablemente hoy, en nuestro país, no nos encontraríamos a la vanguardia en la lucha por la igualdad con leyes que son referencia en más de 52 países. Antes de 1997, sólo las organizaciones feministas y de mujeres enfocaron el problema y empezaron a darle solución. Seguían la estela de las radicales de Boston, que abrieron la primera casa de acogida hace 37 años: hoy nadie se sorprende cuando ve que son las instituciones, sin distinción de partidos, las que subvencionan los cientos de casas de acogida para mujeres maltratadas que hay en España. La segunda posición frente a la violencia de género era la del resto de la sociedad, incluidas las propias mujeres maltratadas, que no sabía del fenómeno porque aún no se había nombrado públicamente; por eso, incluso durante los primeros 20 años de democracia, los poderes públicos se desentendieron de todas las mujeres que sufrían violencia por parte de hombres protegidos por las leyes existentes, diseñadas con arreglo a las ideas, intereses y necesidades masculinas.

Pero el mito cayó y debemos felicitarnos porque se esté visibilizando la desigualdad, la discriminación y las relaciones de poder que ejercen muchos hombres contra sus compañeras. Ante esta realidad, la sociedad tiene que tomar posición respecto a este problema. Por una parte, sigue vigente el estado de alerta de las asociaciones de mujeres, a quienes acompañan las instituciones, conscientes de la gravedad del problema y de la necesidad de intervenir para paliar los efectos de la violencia masculina y prevenirla (en este sentido, la educación y los medios de comunicación son fundamentales) con el objetivo de desactivarla en el menor plazo posible, que muy probablemente será, por su carácter estructural, más a largo que a corto plazo.

El resto de la sociedad, incluso sectores preparados e informados, ha sufrido una gran convulsión al detectar que algo que afecta a las mujeres pueda concitar tanto interés en las agendas mediática y política, siendo, además, ese algo un asunto en el que está comprometido el buen nombre de tantos hombres que hasta ahora eran considerados buenos por el solo hecho de ser hombres.

La visibilización del maltrato masculino ha caído sobre la mayoría de las mujeres que se acercan al problema como una realidad incuestionable. La gran mayoría, muchas veces conocedora de relatos hasta entonces inconfesables, se sitúa al lado de las mujeres y manifiesta el desprecio por los delincuentes. No se puede negar que el rechazo a este delito ha trascendido, entre muchas mujeres, las diferencias de partido. También en este grupo se encuentran muchos profesionales que, de una u otra forma, se han interesado o involucrado en la resolución de este problema y empiezan a ser conscientes de los efectos perversos del control y dominio masculinos.

Pero hay una parte no desdeñable de hombres, significativa porque se hacen oír a golpe de artículos y piezas en los medios y a través de comentarios virtuales, hostiles e insultantes contra las mujeres, que se están moviendo para entorpecer el proceso. Entre ellos se encuentran maltratadores todavía no descubiertos (recordemos los dos millones aún no denunciados); personajes que después de un primer momento de estupor, cuando no daban crédito a lo que veían y oían (se empezó a hablar de mujeres maltratadas cuando muchos de ellos las venían sometiendo con total impunidad y naturalidad desde hacía décadas) se han visto obligados a diseñar otro tipo de estrategia más eficaz que la burda negación del problema. Son quienes han diseñado la ofensiva del “sí, pero no”. Admiten que hay bárbaros machistas, abusadores viles, que merecen un castigo (ya no es posible, al menos en España, negar los daños más cruentos), pero reducen tanto las cifras, que se trataría, según ellos, de un problema menor, “de una violencia más, como otras muchas; ni más ni menos”. Dicen defender a esas “pocas” mujeres que, por culpa de las medidas actuales, no pueden ser protegidas por la cantidad de recursos distraídos hacia las que, dicen ellos, fingiendo y poniendo denuncias falsas, acaparan los medios disponibles. Es un sector minoritario pero cada vez más presente, cuyo objetivo consiste en desactivar y entorpecer el camino de la igualdad en el que muchas mujeres y cada vez más hombres, se están involucrado.

No estamos yendo demasiado lejos; sólo los delincuentes que utilizan la violencia van demasiado lejos. Hay hombres que entienden y defienden la lucha de las mujeres. Ojalá sigan confiando en la justicia de sus reivindicaciones. Y que las manifestaciones que empiezan a verse de postmachismo no pasen de ser una excepción.

Pilar López Díez es Doctora en Ciencias de la Información. Especialista en Comunicación y Género.G. Bravo y A. Mendoza en El Confidencial
Enero

martes 29 de diciembre de 2009

feliz 2010

sábado 12 de diciembre de 2009

Discurso de Laura Freixas

Discurso leído por Laura Freixas en la Primera Asamblea General anual de CLÁSICAS Y MODERNAS (Asociación para la igualdad de género en la cultura), celebrada en La Casa Encendida de Madrid, el 28 de noviembre de 2009

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Queridas amigas:

El pasado mes de octubre se concedieron los dos premios de novela más importantes de nuestro país: el Planeta y el Nacional de Narrativa. El Planeta lo ganó una mujer, Ángeles Caso, y el Nacional de Narrativa, un hombre, Kirmen Uribe. El dato me parece significativo de lo que está ocurriendo con las mujeres en el mundo de la cultura. Como sabéis, el Planeta es el más importante de los premios de novela que otorgan las editoriales; y el Nacional de Narrativa es el principal de otorgados por la Administración. Tenemos pues dos grupos: los premios comerciales y los institucionales. Vamos a ver qué pasa con cada uno de ellos.

En los últimos diez años, algunos premios literarios comerciales: el Planeta, el Biblioteca Breve, el Alfaguara… se han repartido más o menos por igual entre hombres y mujeres (no todos: en el Nadal la proporción es 8/2, en el Herralde todos los ganadores han sido varones).

Pero ¿qué ocurre con los premios institucionales: el Cervantes, el Nacional de las Letras, los premios Nacionales de Narrativa, de Ensayo, de Poesía…? Todos han recaído en hombres. Y esta es la tendencia general, tanto en literatura como en otras artes. Ninguna mujer ha recibido el Premio Nacional de Música ni figura en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

De los 33 escritores premiados con el premio literario más importante en todos los países de habla española, el Cervantes, sólo dos han sido mujeres (María Zambrano en 1988 y Dulce Loynaz en 1992) (6 %). De los 25 ganadores del Nacional de las Letras, sólo 3 (12 %). En el Premio N. de Narrativa, al que me refería más arriba, de 31 premiados, solo dos han sido mujeres (CMG 1978, C. Riera 1995). De los 31 que han recibido el Nacional de Poesía, han sido mujeres 3 (menos de 10 %). El caso más llamativo es el Nacional de Ensayo: en sus más de 30 años de existencia, sólo lo ha ganado una mujer, Celia Amorós, en 2006 (3%).

Menos del 30 % de los museos españoles tiene directora femenina; de las 94 exposiciones individuales organizadas por los tres principales museos de arte contemporáneo (MNCARS, MACBA e IVAM) entre 2005 y 2007, sólo 15 estuvieron dedicadas a artistas mujeres; fueron mujeres sólo un 20 % de los galardonados con el Premio Nacional de Fotografía, 13 % en el de Bellas Artes, 7 % en el de Artes visuales de la Generalitat de Catalunya.

En suma, la proporción de mujeres entre los galardonados en nuestro país, desde la transición hasta ahora, con los premios que simbolizan el prestigio, el acceso al canon, es ínfima: entre un 3 y un 12 %.

En los primeros años después de la muerte de Franco, pudimos pensar que la democracia iba no sólo a declarar, como así lo hizo (art. 14 d ela Constitución), sino también a poner en práctica el principio de igualdad entre los sexos. En el ámbito que nos ocupa, el cultural, hubo signos esperanzadores: en 1978, la Real Academia admitió como socia, por primera vez en su historia, a una mujer, la escritora Carmen conde, y en el mismo año, Premio Nacional de Narrativa recayó también en una mujer, C. Martín Gaite. Pero ¿qué ha pasado desde entonces?

Ha pasado que lo que parecía un primer paso, no lo ha sido, no ha tenido continuidad, o apenas. 31 años después del ingreso de c. conde en la Real Academia, la proporción de mujeres entre los académicos no es, como cabía esperar, del 50 %, sino de menos del 10 % (3 entre 42 =7 %).

Ha pasado que algunas mujeres se han abierto paso en el ámbito comercial (caso del premio Planeta p. ej.) – pero por desgracia, esas mujeres a las que se promociona, a las que se pone en el escaparate para dar una apariencia de igualdad, son con frecuencia las que no cuestionan, sino que corroboran, los estereotipos sexistas.

Ha pasado que hemos visto cómo el ámbito institucional sigue cerrado para ellas, para nosotras. Y el ámbito institucional es importante no sólo por sí mismo –no sólo porque las mujeres del mundo de la cultura podemos aspirar, legítimamente, al prestigio, en vez o además del éxito-, sino sobre todo, para el futuro. Nuestras nietas y nietos no leerán en el colegio a los premios Planeta, sino a los premios Cervantes.

Ha pasado que una gran inercia histórica –el hábito de valorar, encumbrar a los hombres y olvidar a las mujeres- consigue, sin necesidad de que nadie se lo proponga deliberadamente, deshacer lo que hacemos, devolvernos una y otra vez a la invisibilidad, recrear constantemente, anulando nuestros esfuerzos, una representación del arte, el pensamiento, la cultura, en la que sólo figuran varones. Incluso las mujeres que obtienen cierto reconocimiento en vida, son inmediatamente olvidadas junto con sus obras, como una gran marea que una y otra vez borrase nuestras huellas.

Ha pasado que hemos perdido la fe en el progreso y ya no creemos que el tiempo, por sí solo, trabaje a favor de la igualdad. A favor de la igualdad tenemos que trabajar nosotras.

Tenemos que enfrentarnos a la inercia, a la incomprensión. Tenemos que enfrentarnos a los argumentos que se nos oponen: que “el talento no tiene sexo” y que “la calidad es lo único que debe contar”
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Claro que el talento no tiene sexo, pero entonces la pregunta que hay que hacerse es ¿por qué la proporción de hombres y mujeres entre los que acceden a la creación y los que acceden al reconocimiento, no es de 50/50 sino de 85/15?

¿No será que además de talento, la creación necesita el apoyo de una industria? ¿No será que la difusión y el estatus de una obra depende del apoyo que reciba por parte de todo el entramado del poder cultural: Academias, críticos, festivales, Universidades, instituciones varias?... Creer que las personas que componen esas instituciones y esa industria son “objetivas”, sensibles sólo a la “calidad” –como si la calidad fuera una ciencia exacta-, insensibles a complicidades (por más inconscientes que sean) de sexo, raza, clase social, ideología política… sería imperdonablemente ingenuo… si no fuera una ingenuidad interesada.

Lo cierto es que muchos hablan de este tema sin mencionar –sabia precaución- una sola cifra, con la cual dan la impresión de que la igualdad ya existe y lo que ocurre es que algunas mujeres ventajistas quieren rentabilizar su presunta condición de víctimas. Un ejemplo: en 2006 Celia Amorós recibió el PN de Ensayo por su libro “La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias para la lucha de las mujeres”. Era la primera –y la única hasta ahora- mujer que recibía ese premio en sus 30 años de existencia. Pero al comentar la noticia, El cultural del Mundo no hizo ninguna referencia a ese dato. Su comentario fue: “La ofensiva y pertinaz cuota, ahora en el Premio Nacional de Ensayo”.

En síntesis, y contrariamente a lo que suele creerse, el mundo de la cultura es, sigue siendo, uno de los ámbitos profesionales en los que hay menos mujeres en puestos de poder (poder simbólico incluido). Y no porque a ellas no les interese. Hace ya varias décadas que el número de estudiantes mujeres supera al de varones en humanidades y carreras artísticas: en el curso 1979-1980, por ejemplo, ellas representaban algo más del 60 % en las Facultades de Letras (Filosofía, Filología, Ciencias de la Educación, Geografía e Historia y Psicología); de quienes se licenciaron en Bellas Artes en nuestro país en el año 1990, el 54 % eran mujeres… Hay ya pues por lo menos una generación de potenciales artistas, críticos, intelectuales, gestores culturales…, compuesta por ambos sexos en proporción similar (o con superioridad numérica femenina). Esa generación tiene hoy entre 40 y 50 años: está en el momento álgido de su vida profesional. Pues bien: ¿dónde están las mujeres?...

¿Y por qué las mujeres no consiguen –o tan poco- acceder, primero, a la creación artística o intelectual, después, al reconocimiento de sus pares? ¿Se trata simplemente de un ejemplo más de la dificultad general de ellas en incorporarse al ámbito profesional, dadas sus obligaciones familiares y domésticas? Creemos que no; creemos que el problema no es tanto de las mujeres respecto a la cultura (sea cine, literatura, música, artes plásticas…), como de la cultura respecto a las mujeres. En parte porque su contenido mismo (la tradición literaria, cinematográfica, iconográfica…) nos presenta a las mujeres no como sujetos, protagonistas de su propia historia, sino como objetos de la fantasía masculina; es difícil cambiar esa percepción y empezar a verlas, a vernos, como creadoras. En parte también, porque el establishment cultural está compuesto por varones en su aplastante mayoría. Y, claro, cuando se disfruta de una espléndida cuota del 70, 80 o 90 %, ¿quién no se aferra a ella, quién no busca argumentos para mantenerla?... Lo entendemos: es humano. Pero pedimos a nuestros compañeros que hagan un esfuerzo por entender la justicia de lo que reivindicamos: la mal llamada “discriminación positiva”, que no pretende discriminar a ningún grupo, darle una injustificada ventaja sobre otros, sino restablecer la igualdad de oportunidades. En definitiva, un mecanismo consciente para corregir la discriminación “negativa”, inconsciente pero a juzgar por los resultados, eficacísima.

Esas medidas que pedimos, la ley ya nos las concede. (22 de marzo de 2007: Ley de Igualdad, que desarrolla el principio de igualdad recogido en el artículo 14 de la Constitución. La Ley de Igualdad tiene un artículo, el 26, consagrado específicamente al mundo de la cultura.) Es un instrumento enormemente valioso para nosotras. Pero la práctica nos está demostrando que aunque nadie discuta los principios, su aplicación práctica es harina de otro costal. Muchas instituciones que deberían aplicarla simplemente no se han dado por enteradas. En otras, los intentos de aplicarla tropiezan con todo tipo de dificultades, resistencias, inercias, intereses creados… Se atribuye al conde de Romanones la cínica observación que no le importaba quién hiciera le ley, si le dejaban a él hacer el reglamento. Nuestras amigas de CIMA saben muy bien, me temo, de qué estoy hablando.

El motivo, pues, por el que algunas mujeres de distintos ámbitos de la cultura decidimos, en abril de este año, fundar una asociación, es que estamos preocupadas por este estado de cosas.

Preocupadas por la escasez de mujeres en el mundo de la cultura, especialmente en sus niveles más altos. Preocupadas por la falta de avance. Preocupadas, también, por la ignorancia generalizada de este estado de cosas, por el espejismo, obviamente falso, pero tan extendido, según el cual la igualdad no sólo se ha conseguido sino que se estaría superando a favor de las mujeres. Preocupadas por la hostilidad de muchos medios, de muchos intelectuales, de muchos de nuestros propios colegas.

Preocupadas, pero también decididas. Decididas a no callarnos, a no tirar la toalla, a no tomar por fracaso personal lo que es un problema colectivo. Decididas a reflexionar, a debatir entre nosotras y con ellos, a actuar. A transformar la sociedad. Porque aunque muchos parecen haberlo olvidado, aunque no está de moda creer en ello, nosotras sabemos que la acción colectiva sí consigue cambiar las cosas. Que nos lo digan a las mujeres, que si hoy estamos aquí, si podemos votar, trabajar, estudiar, viajar, sin permiso de nadie, es gracias a los esfuerzos, a la militancia, de muchas mujeres que nos han precedido. Por eso creemos que vale la pena actuar. Lo consideramos, además, nuestro deber para con nuestras hijas e hijos, a los que queremos legarles un mundo más justo.

Existen ya, y han hecho y están haciendo un estupendo trabajo, asociaciones de mujeres de ámbitos concretos de la cultura: periodistas, músicas, cineastas, artistas plásticas… Pero quienes fundamos Clásicas y modernas creímos conveniente que existiera una asociación no sectorial, sino transversal. En la junta directiva que os proponemos hay representantes de distintas formas de vinculación a la cultura: las artes escénicas, la música, el humor gráfico, la edición, la creación literaria (ensayo y narrativa), la enseñanza universitaria…

Porque creemos que son necesarias ciertas actuaciones globales: una reflexión teórica sobre el tema que nos ocupa; una investigación de amplio espectro sobre mujeres y hombres en la cultura española actual. Una acción unitaria dirigida a la Administración. Una acción también global de cara a la opinión pública.

Hemos buscado un nombre, decidiéndonos por “Clásicas y modernas”: un homenaje a “las modernas de Madrid” de la época de la República y una reivindicación del derecho de las mujeres artistas e intelectuales del presente a ocupar su lugar entre los contemporáneos, y de las mujeres del pasado –tan a menudo olvidadas- a ocupar también su lugar entre los clásicos.

Nos hemos inscrito en el registro, hemos aprobado unos estatutos… Diana Raznovich ha diseñado un logo y abierto un blog, Ángela Martín y Margarita Borja se han ocupado de pedir una subvención al Instituto de la Mujer para que podamos empezar a funcionar, Berta Ojea y yo hemos empezado ya a reunirnos con otras asociaciones de mujeres (concretamente CIMA y MAV), con representantes del Ministerio de Igualdad y el Ministerio de Cultura, y con Fátima Arranz, de la Universidad Complutense, a quien hemos encargado un estudio de la situación de las mujeres en el mundo cultural de nuestro país.

Ahora queremos que a la Junta se incorporen como vocales Nora Levinton, psicoanalista, Marian López Cao, directora del Instituto de Investigaciones Feministas, Marisa Manchado, compositora, y Carlota Ojea, productora de artes escénicas, todas ellas mujeres valiosas, preparadas, comprometidas, que tienen mucho que aportar.

Hemos propuesto, a mujeres que respetamos por su obra y por su trayectoria feminista, mujeres con cuya participación querríamos contar –en forma de ideas, de experiencia, de trabajo-, que se hicieran socias. Porque lo que consigamos depende del esfuerzo y la colaboración de todas. En la pantalla podéis ver las comisiones de trabajo que hemos formado y a las que os invitamos desde ahora a uniros.

Y os hemos convocado hoy, esta mañana, a las que ya sois socias y a las que no lo sois (o todavía no) pero compartís nuestros fines, para que nos conozcamos. Para que intercambiemos y debatamos nuestras preocupaciones, nuestras propuestas, nuestros proyectos, que ahora os contará nuestra vicepresidenta, Berta Ojea. Con ella os dejo.

lunes 30 de noviembre de 2009

Decepción de género por Nora Levinton Dolman

¿otra vez?¿CULPABLES OTRA VEZ?
¿una vez más tenemos que escuchar/leer que el aumento de la violencia de género está causado por las propias mujeres, culpables por “lanzarse al choque” (¿será esto lo que E.L entiende por poner límites, resistirse a ser humilladas, o apenas algunas veces conseguir salir vivas?).
Y como no podía faltar la guinda del pastel recordándonos que somos las madres, mujeres teníamos que ser, las que criamos y formamos a esos machos y los amamantamos con leche rica en mensajes machistas y les cantamos nanas que enseñan a moler a golpes a una mujer.
Por favor…no cabe mayor cinismo en un artículo tan breve.
Que alguien con su cultura, incurrra en semejante distorsión no parece ingenuo.
Pero es representativo del imaginario masculino que se pueda sentir por él representado.
Aclaro que estoy rodeada de hombres en toda clase de vínculos de parentesco y sociales a los que las frases de E.L les suenan a panfleto deleznable y que no suscribirían una sola de sus afirmaciones. Es más, que se sienten avergonzados de este tipo de reacción perversa que contribuye a seguir convirtiendo a las víctimas en culpables.
Porque lo que el texto de la valla expresa ( y estoy segura de que E.L lo entiende tanto como cualquiera de nosotras), es que habla de no ser menos (ni necesariamente más).De ser igual, a todos y cada uno de los hombres de sus vida, en sus más variadas tipos de intercambio.
¿por qué le es tan difícil comprender ese mensaje?
Si fuese más digerible el concepto de igualdad de géneros tal vez no hubiese que haber creado un Ministerio para gestionarlo.
¿Resentimiento de género el de Thelma y Louise ? Pues vaya exitazo el conseguido….suicidándose. O será eso lo imperdonable ¿por qué matarse ellas mismas y no dar el gusto a alguna otra escena de mujer violada, asesinada cruelmente, una conseguidas actuaciones de mujeres aterrorizadas corriendo por una casa, un parque, una calle con el asesino de turno pisándole los talones?
Me resulta difícil de tolerar la ignorancia respecto de un tema tan serio, pero para colmo no creo que se trate de falta de información.
¿se ha puesto a pensar seriamente E.L en lo que suscribe y en los riesgos que contiene?
¿No le parece decimonónico hacer referencia siquiera al nº de hombres que una mujer española actual pueda tener, haber tenido, tener próximamente, tener en el futuro, etc. Y todos los tiempos de verbos posibles? ¿¿¿¿¿¿¿¿A quien le interesa o qué tiene que ver con el contenido del mensaje que transmite???????????¿qué es lo discutible?
Reconozco mi desconocimiento del mundo de los videoclips.
Pero he escuchado a muchas jovencitas, no tanto, maduras, etc, sufrir por la terrible decepción de sentirse agredidas en sus diferentes formatos, por quienes decían (y en la mayoría de los casos lo sigue afirmando) amarlas.
Y sé que mientras las mujeres no se sientan en las mismas condiciones, de enamorarse y de des-enamorarse sin que en ello les vaya la vida, las asimetrías son insalvables.
Justamente la complejidad del tema es lo que exige ser serios, rigurosos, dar opiniones que colaboren a profundizar en un debate, no a tomar una postura sesgada y maniquea.
Hablar de “revanchismo de género” con esa liviandad me parece inaceptable.
Esperaba que E.L como tantos otros fuese un compañero de ruta.
La decepción de género también existe…

jueves 26 de noviembre de 2009

El “otro” feminismo por Cristina Peri Rossi

Cuando oí a Javier Cámara decir: “De todas las mujeres que haya en mi vida ninguna será menos que yo” sentí malestar. ¿Qué era lo que no me gustaba de esta campaña contra la violencia machista? En primer lugar, la frase: el actor aseguraba que ninguna de las mujeres que hubiera en su vida sería menos que él. Pero ¿y las otras? Porque seguramente un hombre tiene algunas mujeres próximas, madre, hermanas, amantes, esposa. Pero y ¿las otras? ¿Las esporádicas? ¿Las desconocidas? Me hubiera parecido muchísimo más acertada la frase: “Ninguna mujer será nunca menos que yo”. Afirmación sencilla y contundente. A poco, salió Angie Cepeda afirmando “De todos los hombres que haya en mi vida ninguno será más que yo.” Este anuncio provocó una confusa y arrogante respuesta del profesor Enrique Lynch, titulada “Revanchismo de género” que a su vez fue respondida por algunas mujeres. Cito al profesor: “El anuncio parece jalear la guerra de sexos, como desde hace décadas hace el feminismo mal encarado, según la pauta de lo que Nietzsche llama “moral de la víctima”. De modo que el anuncio “jalea” la guerra de sexos, acabáramos. ¿Y cuál es el feminismo mal encarado? ¿Hay un feminismo bien encarado? ¿Por qué no hemos consultado al eminente profesor acerca de cuál es a su entender –y al de Nietzsche- el feminismo de buena cara, el complaciente? Porque son ellos, los eminentes filósofos, quienes han de determinar cómo debe de ser el feminismo bueno, dado que el pensamiento es masculino, y el sentimiento, femenino. Como cada cual lee lo que fantasea, Enrique Lynch no sólo encuentra que el anuncio es beligerante, sino que infiere que el anuncio de Angie Cepeda insinúa que los hombres son “menos”… porque no son “más”! El profesor desconoce que entre el más y el menos existe otra posibilidad: la igualdad. Nadie ignora que el cerebro y el cuerpo del hombre y de la mujer difieren, pero lo diferente es diferente, no es más ni es menos. Categoría que el profesor ignora. Lo más indignante del artículo (si se consigue superar su pésima redacción y sintaxis) es que atribuye al feminismo el aumento de la violencia machista. No, si lo mejor para no ser discriminado por negro es ser blanco, y lo mejor para no ser discriminada por mujer es ser hombre, eso no lo duda nadie. De modo que negros, homosexuales, colonizados, tercermundistas a callar, no sea que al rebelarse puedan provocar la reacción airada de los amos. No sólo el feminismo tiene la culpa de la violencia machista. También las madres. Enrique Lynch nos recuerda que esos hombres machistas han sido “gestados, amamantados, criados y formados por mujeres.” (Incluso él tuvo una madre.) Ahora bien, ¿los machistas son gestados sólo por las mujeres? ¿No llevan los caracteres genéticos del macho? ¿No significa nada en la educación de un machista la presencia, la imagen y la autoridad paterna? ¿En la crianza de un machista el padre no ha intervenido jamás? ¿No lo ha llevado al prostíbulo? ¿No ha insultado a su mujer en presencia del niño? A Enrique Lynch le gusta “otro feminismo”. Lástima que no consultáramos a él para hacer uno a la medida de los machos, que no los inquiete.