lunes, 8 de marzo de 2010

Un siglo después…por Margarita Borja

Hace 100 años que se adoptó el 8 de Marzo como Día internacional de la Mujer durante la II Conferencia Internacional Socialista de mujeres en Copenhague, a propuesta de las sindicalistas alemanas Clara Zatkin y Kathy Dunker.
Hace un siglo accedieron a la Universidad española las primeras estudiantes, gracias a nuestras ilustres antecesoras Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, María de Maeztu, Clara Campoamor y María Goyri, entre las destacadas.
Mientras celebramos este cumpleaños se producen hechos todavía excepcionales.
La economista valenciana María Antonia García Benau lleva camino de convertirse en la primera mujer Rectora en una universidad con más de 500 años de antigüedad, la de Valencia, y es reciente la admisión de Soledad Puértolas en el seno de la Real Academia de la Lengua. Al ocupar sillones vacantes Carmen Iglesias, Ana María Matute, Margarita Salas e Inés Fernández Ordónez, es cierto que se ha ido abriendo un tímido proceso de mejora de la presencia femenina en tan ilustre espacio, pero a la vez resulta significativo que hasta la entrada de Soledad no se solucionara el contrasentido que suponía que las dos plazas dejadas vacantes entre 1995 y 1996 por Carmen Conde y Elena Quiroga, no hubieran sido mantenidas, cuando menos, para optaran a ellas otras dos escritoras actuales. Vista la fosa de “la cuota”, a favor del elenco masculino: 47 académicos y 5 académicas, al ritmo que va la cuestión, puede necesitarse otro siglo completo para resolverse.
Y mientras tanto ¿cuánto se pierde la ciudadanía española por las trabas de acceso de los talentos femeninos? Y ¿hasta cuando tendremos que soportar que a cada una que llega le acompañe el latiguillo “no es por la cuota” que niega la mayor.
La ausencia de criterios de acción positiva en muchos lugares de poder cultural contrasta por su lentitud de adaptación y por su ostentosa negación del avance feminista con una realidad más dinámica y esperanzadora, la conseguida por el conjunto de leyes democráticas. Ya las tenemos, y son nuevos instrumentos para aspirar y lograr, sin más demoras, una situación más justa y equilibrada. Hoy también tenemos eso que celebrar y no es poco.
Al leer el artículo que publica en El País María Teresa Fernández de la Vega, hoy día siete, recupero sus palabras en la apertura del Congreso de la Asociación de cineastas Cima, tenéis que moveros, la ley por sí sola no lo hará todo, aconsejó.
Amelia Valcárcel, por su parte, durante le primera Asamblea General Extraordinaria de Clásicas el pasado Noviembre, dijo que los avances más significativos de los años democráticos los hemos conseguido con la complicidad del poder político sumado a nuestra causa. Coincido por completo con su razón. En el ámbito de la creación y la cultura existe, o mejor, persiste una mentalidad que da por supuesta la inexistencia del problema en el sector. Tal negación, que descree de la elocuencia de los porcentajes tanto como de la evidencia, del fenómeno de “naturalización” de la discriminación femenina, suele llegar aderezada de aires de suficiencia retadores.
Pero en la primera asamblea general de noviembre constamos que la causa que nos congrega en Clásicas y Modernas tiene seguidoras porque responde a una realidad de desigualdad en el día a día que percibimos como déficit democrático inaceptable.
Demasiadas trayectorias creativas de las mujeres siguen sufriendo disparidad de oportunidades, es irregular el acceso a los centros neurálgicos de decisión, y no se rectifica fácilmente la desproporción de elencos en todo tipo de carteleras, repertorios, programaciones culturales, genealogías académicas o antológicas críticas.
Las prácticas de naturalización de la ausencia femenina creadora, si no eran democráticas, ahora ya son francamente ilegales, pero las medidas adoptadas para que esta injusta situación se transforme, también en el ámbito de la cultura, necesitan todavía de la lucha feminista con sus mil ojos vigía espontáneos.
Y como para muestra vale un botón, coincidiendo con Diana Raznovich que nos regala a su violonchelista para el blog en este día, cuento aquí para concluir que la Ley y las normativas que la citan e incluyen, por ejemplo no han evitado que este año, las Ayudas a la creación musical contemporánea Ministerio de Cultura se concedieran a doce compositores y a una sola compositora. O que una única directora haya recibido el premio Goya a la dirección.
Pero a lo que iba, estamos de cumpleaños. ¡Feliz ocho de Marzo a todas!
Y enhorabuena a nuestra querida Socia de Honor Amelia Valcárcel, que acaba de recibir el Premio Ocho de Marzo en la UGT en Madrid.

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