lunes, 19 de abril de 2010

Carta a Elvira Lindo por Nora Levinton

Querida Elvira

comienzo declarándome una de esas lectoras que muchos domingos comienza la lectura del periódico por tu artículo y que se ríe a carcajadas con frecuencia de lo que allí comentas. Muchísimas veces he coincidido con tus análisis y opiniones.
Y, aunque suene cursi, he creído que nuestras coincidencias nos acercaban a una especie de familiaridad, casi diría de fraternidad.
Hoy, como en toda relación significativa ha aparecido una grieta que describe nuestro desacuerdo en temas importantes.
Siempre aprecié el grado de implicación personal en tus notas. Ser capaz de ser tan rotunda en algunas declaraciones, hasta hoy lo había valorado como un rasgo de honestidad.
Pero, ahora también añadiría, de una peligrosa tendencia: dar a nuestras experiencias individuales el valor de universales.
Creo que es arriesgado plantear que si tú has podido llegar a estas conclusiones, el resto de las mujeres también lo hará.
Y que para defender la vigencia de los cuentos infantiles, no es necesario desacreditar o impugnar como se “cuela” en nuestra socialización primaria, cuestiones tan serias como la violencia de género o la perpetuación de roles.
Algunos cuentos clásicos pueden ser joyas de la literatura infantil, y sin embargo... encerrar mensajes que contribuyen a “más de lo mismo”. Mencionarlo es reconocer que como tantas otras biblias o dogmas, también algo de la literatura infantil puede ser criticable.
Las emociones no son puras, son demasiado complejas. Y que aprendamos acerca del sufrimiento, también por lo que padecen nuestros amados personajes de cuentos, no invalida que a veces la crueldad sea excesiva (como lo describe Bruno Bettelheim).
Los maniqueísmos colaboran a la confusión. Y volver a la disquisición entre lo “instintivo” o lo cultural, es retroceder demasiado. Hablemos de la maternidad, la sexualidad, la agresividad, etc.etc.etc.
Afortunadamente, nos ha tocado vivir en una época en que sabemos que la interrelación entre ambos aspectos es irreductible.
Acceder a cierto grado de “conciencia de género” no es una condición dada por el simple hecho de ser mujeres. Es una posibilidad que les es negada a una inmensísima mayoría femenina, que está a años luz de como tú puedes haber vivido tu infancia, adolescencia, y actual madurez.
Cuestionar nuestra educación sentimental, el hacer del amor romántico “el proyecto”, no significa que no podamos disfrutar de intensas relaciones. Reconociendo nuestra vulnerabilidad, podemos anticipar mejor, cuidarnos, ocuparnos de no permitir que se nos denigre, maltrate, postergue.
Acuerdo con que los excesos y fundamentalismos, son peligrosos. Pero...las negaciones también. El mundo no somos exclusivamente nosotras y nuestras circunstancias. Y en la vida de muchas mujeres, demasiadas, las patadas no son literarias.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Decididamente estoy totalmente de acuerdo con Diana. Me llevé una total decepción cuando leí el artículo de Elvira, sencillamente no me entra en la cabeza que hablara con tanta alegría y de esa manera tan irresponsable. Decepción, esa es la palabra.

Anónimo dijo...

me encanta! :-)