viernes, 23 de abril de 2010

Hermosos, poderosos y ¿peligrosos? por Marina Sanfilippo

Cuando leí en El País la columna de Elvira Lindo del día 18 de abril, me planteé un montón de preguntas y no sé si he encontrado las respuestas. Por un lado, odio muchos productos de la moderna literatura infantil, por ñoños, aburridos y odiosamente didácticos. Soy una apasionada de los cuentos de hadas y los cuentos populares y por cuestión de principios desconfío de censuras y consejitos políticamente correctos, por lo que entiendo perfectamente la defensa de los “cuentos clásicos” que hace Lindo. Pero no creo que los cuentos de Perrault y de los hermanos Grimm adiestren a los niños en las emociones puras, puesto que tienen una moral (¿un moralismo?) muy definida, son un producto cultural de épocas muy determinadas en las que se aprovechó el caudal narrativo de la cultura popular pero domesticando su potencial subversivo, trasformando los personajes femeninos para que fueran modelos acordes a la moral del momento. Perrault crea una Cenicienta que se casa con el príncipe porque es buena, hacendosa, virginal y sumisa: el mensaje ideológico es claro, mucho más si se piensa que Cenicienta es un cuento mucho más antiguo (según Jack Zipes nos llega desde la prehistoria) que hablaba del poder de las mujeres y de su cercanía a la naturaleza. En la versión de Basile, Cenicienta es una chica nada pasiva, incluso peligrosa, capaz de romper el cuello a la madrastra con la tapa de un arcón… tampoco me gusta esto, solo lo recuerdo para que se entienda qué tipo de operación realizó Perrault.

Y yo me pregunto ¿Qué cuento de siempre vale la pena contar o leer a los niños de hoy? ¿Les quiero contar que madrastras y hermanastras son malas, mientras que un padre que no se ocupa de su hija no merece ni un reproche? ¿Quiero que el mensaje sexista se transmita arropado por toda la fuerza que le prestan esos símbolos poderosos de fuego, cenizas, gatos y plantas que proceden de la noche de los tiempos? Hay muchos cuentos de siempre y siempre se han utilizado para transmitir valores, dar una visión de la vida y explicar los destinos humanos. Ya que son muchos ¿es malo escoger?, ¿por qué no buscar un poco para encontrar personajes femeninos activos, o listos, o insumisos? Hay antiguas Caperucitas que engañan al lobo, la Hija del Sol no quiere casarse con el príncipe mientras este no demuestre un poco de inteligencia, la hija del visir acierta todas las adivinanzas que le pone el sultán… ¿Por qué no rescatar estas historias en lugar de la de la Bella Durmiente? También cabría preguntarse ¿por qué casi nadie las conoce y las cuenta? …

Creo que tengo ya la respuesta a mis propias preguntas: no quiero dejar a la infancia sin los cuentos de siempre, pero no quiero tampoco trasmitirles historias que nacieron y llevan años funcionando como factores de adoctrinamiento de los niños para que aprendan papeles y funciones fijas dentro de una sociedad sexista. Los cuentos de Perrault y los hermanos Grimm son literariamente bonitos, pero sabemos tan poco de cómo un determinado niño o una determinada niña recibe, percibe e interpreta un determinado cuento, que prefiero que los conozca cuando pueda entender que esas historias las escribieron unos señores muy moralistas que tenían unos intentos pedagógicos muy discutibles. Y que no por ello no se puede disfrutar con su lectura.

No hay comentarios: